sábado, 18 de abril de 2026

Liebre III Tornado - Manejando un pedazo de la historia


Retrovisor: Liebre III
Manejando un pedazo de la historia
Por Rubén Daray
Revista A Todo Motor Nro 28. Febrero de 1997

Mi amigo Hugo Pulenta me prestó la Liebre III que originalmente fuera de Federico Urruti y que el "Gordo" Valerio  restaurara a nuevo luego de años de olvido. Las reacciones de un auto veloz en el intrincado circuito 6

"¡Rubén, la Liebre correla vos, yo voy con otro auto!"... Era una oportunidad única que me brindaba un amigo, Hugo Pulenta. Pero esta historia tiene su inicio hace unos seis meses. Vamos por partes, dijo Drácula.

Hace más de un año, Hugo Pulenta me dijo: "Si sabés de una Liebre III avisame, me gustaría comprar una..." Pasó el tiempo, y un día recibí una carta de un lector de la ciudad de Paraná, Entre Ríos, que me pedía si yo podía intentar algo: "Quiero vender una Liebre III, si usted sabe de alguien...".

Con Hugo no demoramos mucho en llegar a Paraná, apenas unas horas. "Esta es la Liebre III original con la que corría Federico Urruti", nos reveló el dueño. Creo que no hace falta decir que Hugo no tenía alternativas; había que comprarla, y lo hizo.

Estaba sobre el pasto, con un nylon negro sobre el techo, sostenido por unos ladrillos. Se la veía sana, pero... "Hay que hacerla toda", nos mirábamos.

El color original era verde oscuro, pero cuando Gastón Perkins se la compró a Urruti pasó a ser blanca. Ese día estaba amarilla, pintada a pincel, pero estaba original.

La restauración fue total, pero lo fundamental eran los plásticos de la trompa y de la cola, que estaban perfectos. El motor tenía los tres Weber originales, el tanque de nafta y las llantas eran las del auto, en fin, no se podía perder. No hubiese sido sólo perder un auto, se perdía parte de la historia del automovilismo, y eso no debía ocurrir.

Otra vez pasó el tiempo. "Lo llama Pulenta", dijo mi secretaria. “Rubén, te paso a buscar, quiero que seas el primero en ver a la Liebre”, me adelantó Hugo.

No lo podía creer… ¡Qué auto! Blanca, con la línea central azul (equipo Donati), brillaba por todos lados, estaba impecable.

“¡Ponela en marcha!”, exigí. Los tres Weber consumieron un buen trago de nafta, y el sonido me llevó 25 años atrás…

Gastón Perkins, Cacho Franco, Canedo y las Liebres del equipo Donati pasaban a fondo por la recta opuesta y comenzaban a frenar en la horquilla. Ese mismo auto fue ganador, con Cacho Franco, en la Vuelta de Chivilcoy de 1969, a 227,181 km/h de promedio.

Diciembre 21 de 1996, Autódromo Oscar Gálvez. Liebre III Tornado, chasis número MKIII-002. Piloto: Rubén Daray. Estos datos no figurarán en ninguna estadística, sí en mi memoria. Hace poco manejé la “Galera” de los Emiliozzi, con Torcuato de acompañante. Hoy vuelvo a manejar otro auto histórico, esta Liebre III.

Era una carrera de promedio controlado, exclusiva para autos de época. Para mí fue la excusa perfecta para vivir una verdadera emoción, de saber cómo eran los autos de la mejor etapa del automovilismo argentino: los años 60.

El embrague multidisco es muy brusco, casi patea. Es muy difícil arrancar sin que el motor se apague. El circuito es el número 6, el de la Fórmula 1, por lo tanto no puedo establecer ningún tiempo para compararme con Gastón o Canedo. ¡Qué importa!

Cuando llegué a Ascari doblé como venía… Me sorprendió cómo metió la trompa, y cómo la cola acompañó. Frena de manera sorprendente. En los mixtos le cuesta limpiarse a los Weber, pero cuando la aguja trepa más allá de las cuatro quinientas, la potencia aparece. Sin duda la “ese” de Senna no le gusta a un auto de esta época, y a mí tampoco. Sale ahogada en segunda, y hasta la horquilla apenas trepa a 5.000 r.p.m. en tercera. No está relacionada para el seis.

El ruido del escape contra el paredón de boxes es de primera, y rápido llego en cuarta a la frenada. Tercera, segunda y… a fondo. “La cola va firme”, pensé. La curva de la confitería es en segunda o primera, si uno estuviera discutiendo un puesto en la frenada. No es mi caso, estoy disfrutando.

Sale tosiendo, pero empuja. El curvón en bajada, a la izquierda, se hace en tercera, y en el que le sigue, a la derecha, después de una pequeña pisada al freno, se la puede acelerar casi a fondo. Dobla muy bien.

El calor se hace notar, no entra nada de aire por las ventanas laterales de acrílico. La visión para atrás no es de las mejores. El motor ahora parece que va más limpio a bajo régimen, confieso que estuve tentado de olvidar el sistema de carrera y pisarla a fondo unas vueltas. En parte lo hice, pero el "Gordo" Valerio, restaurador del auto, me dijo: "Por favor, no la rompas, traela entera. Me quiero ir de vacaciones tranquilo".

Me di un gusto grande, manejé un pedazo de la historia, ¿no?

Rubén Daray Fotos: Facundo Pechervsky


El curvoncito en bajada, luego de la confitería. El auto récord del 69 va doblando en 3era muy bien apoyado


Atilio Viale, Hugo Pulenta y el autor atienden al "Gordo" Valerio


En los mixtos le costaba "limpiarse" a los Weber; la Liebre III no estaba relacionada para el trazado de la F-1


En la "oficina" que fuera de Urruti, listo para acelerar

Otra vez en carrera

La Liebre MkIII serie 002 fue encontrada “enterrada” en una casa, en Paraná, “en estado deplorable”, según subraya Valentín V. Colautto, el restaurador. “Lo único que estaba bueno eran las partes plásticas”, recuerda. “Pisos y zócalos estaban podridos y hubo que copiarlos en chapa, para reemplazarlos. Las puertas se reconstruyeron y volvieron a su estado original”. Largas recorridas en buscas de piezas originales fueron reuniendo pedales, faroles traseros y otros repuestos de Torino de la época.

Se mandaron a fabricar las butacas, en base a fotos. La gente de Ruedas Argentinas desempolvó la matriz original de 1968 y aparecieron las llantas. Los discos de freno se mandaron a fundir, en base a los originales del auto.

“Y por una cuestión de seguridad no se puso el tanque original sino un ATL americano, que entró exactamente en el mismo lugar”, apunta Valerio. La restauración de chapa y pintura se hizo en los talleres Yakenen, en Tigre. El motor –al igual que el diferencial y la caja– es el 4 bancadas original del auto, con tres carburadores Weber doble cuerpo 45/45, que entrega aproximadamente 240 HP a 5.500 r.p.m.



Valentín Colautto

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