Llegaron en gran cantidad después de los años sin autos por la Segunda Guerra Mundial. Traían volante a la izquierda, eran más modernos, frenaban mejor. Sólo se podían obtener con órdenes de compra especiales, pero llegaron de a miles y marcaron una gran etapa en el mercado automotor argentino. Y eran tan buenos que todavía siguen prestando servicios en la calle
“¡Qué canba! ¡Tiene una cupé Mercury '47 convertible!”
¿Cuántos automovilistas jóvenes de hoy comprenderían el sentido de esa frase? Por empezar, ya no se escucha esa clasificación dos veces lunfa -camba, por bacán al vesre- que tuvo su momento de esplendor hace ya unas décadas. Pero en segundo lugar, pocos recuerdan que hubo en la Argentina una marca particularmente prestigiosa como lo era Mercury, una rama más lujosa de la producción Ford aunque sin llegar al nivel máximo de la línea Lincoln.
Pero no sólo los Mercury '47 gozaban de alta estima entre los automovilistas argentinos de hasta hace muy poco. Similar predicamento tenían los Buick, Pontiac, Packard, Chrysler, Dodge, Studebaker y una gran cantidad de marcas cuyo punto máximo parecía haberse alcanzado en 1947.
