El ratoncito que quería vivir
Por Ronald Hansen
Revista Parabrisas Nr 79. Julio de 1964
570 cm3, cuatro cilindros, 13 HP, cuatro velocidades, suspensión delantera independiente; el Fiat Topolino era bastante moderno para su época, y treinta años después, medio millón diseminado por todas las ruta del mundo, demostró automovilísticamente que lo breve, si bueno, dos veces bueno
Hace años, una marca norteamericana se promocionaba afirmando que había uno de sus coches "en su futuro". Puede ser cierto o no, pero lo que es casi seguro es que -al menos para aquellos que nos pusimos "los largos" en la década del cuarenta- hubo un Topolino en nuestro pasado. Aunque no hubiéramos poseído uno, siempre hubo un Topolino en nuestro subconsciente (nunca mejor aplicado eso de "el sueño del pibe...) Era -es, todavía alguno anda por ahí- chiquito, manuable, su especificación incluía una excelente caja de cuatro velocidades, frenaba muy bien, era estable. Su forma de cupecita brindó alas a la imaginación de los propietarios; cuando Oscar Alfredo Gálvez corría en TC con un buscahuellas en el techo de su Ford, súbitamente aparecieron faros similares en cinco de cada diez Topolino que andaban por estas calles de Dios.