Llegaron en gran cantidad después de los años sin autos por la Segunda Guerra Mundial. Traían volante a la izquierda, eran más modernos, frenaban mejor. Sólo se podían obtener con órdenes de compra especiales, pero llegaron de a miles y marcaron una gran etapa en el mercado automotor argentino. Y eran tan buenos que todavía siguen prestando servicios en la calle
“¡Qué canba! ¡Tiene una cupé Mercury '47 convertible!”
¿Cuántos automovilistas jóvenes de hoy comprenderían el sentido de esa frase? Por empezar, ya no se escucha esa clasificación dos veces lunfa -camba, por bacán al vesre- que tuvo su momento de esplendor hace ya unas décadas. Pero en segundo lugar, pocos recuerdan que hubo en la Argentina una marca particularmente prestigiosa como lo era Mercury, una rama más lujosa de la producción Ford aunque sin llegar al nivel máximo de la línea Lincoln.
Pero no sólo los Mercury '47 gozaban de alta estima entre los automovilistas argentinos de hasta hace muy poco. Similar predicamento tenían los Buick, Pontiac, Packard, Chrysler, Dodge, Studebaker y una gran cantidad de marcas cuyo punto máximo parecía haberse alcanzado en 1947.
Mientras termina 1987 -para qué recordarlo, esto aparece en Parabrisas de enero '88 pero uno lo escribía en diciembre del '87- una repentina reflexión me vino a la cabeza al encontrarme en plena calle con una impresionante cupé Chevrolet '47 Fleetline, estacionada en pleno centro y que parecía recién salida de un concesionario General Motors de los años '40. ¿Ya pasaron 40 años desde que autos como éste aparecieron en la calle?, fue la pregunta instintiva mientras admiraba el estado de cada detalle de la Fleetline, un modelo que marcó una época en la Argentina.
Lo primero que se me ocurrió fue dejarle un papel en el parabrisas al desconocido dueño por si quería llamarme para sacar una fotografía del auto. Y poco más tarde, la inquietud tomó forma con una idea más concreta: ¿por qué no hacer una nota global sobre los autos del '47?
En eso estamos.
Características de una época
Varias razones explican el impacto que tuvieron los autos del '47 en el mercado automotor argentino. La importancia de ese año fue tan considerable que aún a comienzos de la década del '60 se planteaban serias dudas entre los compradores potenciales sobre la ventaja relativa entre adquirir un buen Ford 1947 usado o un Peugeot 403 0 kilómetro por ejemplo, sobre cuyos resultados a largo plazo existían todavía dudas. Se sabía que el Ford '47 era “una máquina”. ¿Peugeot?: estaba por verse.
Años más tarde, el mercado evolucionó por fin. Se afirmó la industria nacional, básicamente orientada hacia modelos de inspiración europea y no norteamericana, que dominó en la primera parte del siglo, y poco a poco los usados de los años '40 fueron pasando al rango de curiosidades. Pero el hito histórico sigue allí, perfectamente vigente. Los autos del '47 marcaron una época.
Como primera razón, porque en ese año volvieron a aparecer autos 0 kilómetros en la Argentina tras el paréntesis de la Segunda Guerra Mundial.
En segunda instancia, porque a partir de 1947 los autos parecieron ingresar en una nueva etapa de modernismo y confort de marcha. Por aquellos años aparecieron las primeras transmisiones automáticas o semiautomáticas –el Fluid Drive de los Chrysler, el Dynaflow de los Buick, Hydramatic en los Cadillac, etc.–, los convertibles con capotas que subían o bajaban por medio de un motor eléctrico, las formas más envolventes que daban idea de nuevas fórmulas aerodinámicas. ¿Quién no se extasió alguna vez frente a la línea del guardabarros delantero que se tocaba con la del trasero en los Buick '47 o no polemizó con un amigo sobre el avanzado diseño del Studebaker surgido del lápiz de Raymond Loewy?
Por último, los autos del '47 tuvieron una importancia particular en la Argentina porque ése fue el año en que volvieron a ingresar en el mercado gran cantidad de autos, algo que se detuvo casi para siempre desde 1948 en adelante, con la excepción de algunos permisos especiales que hacían de sus propietarios verdaderos privilegiados del automovilismo cotidiano en la Argentina.
Órdenes y acomodos
Carlos Pieres, uno de los más conocidos coleccionistas argentinos, vinculado desde siempre a la venta de autos en la tradicional concesionaria Ford Pieres, lo recordó con precisión: "1947 fue el gran año porque se otorgaron cupos de importación para traer autos de distintas marcas de Europa o Estados Unidos. En rigor, el permiso salió a fines de 1946 pero ya todos los modelos eran los de 1947, aparecidos en septiembre en Estados Unidos, como es habitual. Eso duró aproximadamente un año. Ya en 1948 se cerró la importación y todo lo que llegó después fue en escasa cantidad comparado con lo que llegó al país en 1947. Pero el otro problema era la adjudicación de los autos...
-¿Por qué? -Porque, como todo el mundo de aquel momento recuerda, las fábricas y concesionarias tenían cupos de importación y venta pero no para venderlos libremente a quien quisieran. Cada auto que llegaba al país tenía un permiso de venta determinado para una persona en particular. Eran las famosas órdenes de la Secretaría de Industria y Comercio de los tiempos de Perón. Esas órdenes sólo se podían obtener por contactos "muy particulares" y eran las únicas que le permitían a una persona retirar un 0 kilómetro de una concesionaria. De ese modo se llevaban un Ford 1947 flamante, cuyo precio era de 11.500 pesos en ese momento y, puesto en la calle, se podía vender como usado y valía 5.000 pesos más.
No hace falta agregar mucho, ¿verdad? Pieres recuerda incluso alguna anécdota enojosa: "Un tío mío, Enrique Pieres, retiró del puerto a fines de diciembre del '46 una cupé Ford color bordeaux que lo sedujo de inmediato. 'Ese va a ser mi auto', decidió, y lo llevó a la concesionaria para alistarlo y hacerlo debutar en un viaje a Mar del Plata durante el fin de semana de Navidad. He aquí que el 23 de diciembre llega un señor a la agencia y muestra una orden de compra de la Secretaría de Industria y Comercio -era de las primeras- y en ella se indicaba el número de motor y de chasis correspondientes: era la cupé bordeaux. Mi tío estaba indignado, pero lo peor es que el destinatario era un íntimo amigo suyo, cuyo nombre voy a reservar, a quien mi tío le entregó el auto pero le retiró el saludo: no le perdonaba el acomodo."
"Eso era la práctica corriente en aquellos años -recuerda por su parte el arquitecto Lorenzo Barra, presidente del Club de Automóviles Clásicos- y nadie, absolutamente nadie, podía comprar un 0 kilómetro si no era con una orden de Industria y Comercio."
Pero también vale la pena evocar otros aspectos más gratos de la llegada de aquellos autos al país. Según Barra, "todavía recuerdo el impacto que provocó la presentación, en los salones del Automóvil Club, del célebre Studebaker '47, que presentaba formas que parecían revolucionarias en ese momento. Había partidarios y detractores de ese modelo pero igual llegaron muchos y se vieron durante años en el país. También hay que recordar lo que eran los Buick '47, particularmente el modelo sedanette, un dos puertas con la cola Fleetline, que hacía parar a la gente en la calle para mirarlo. No creo que haya coches actuales que llamen tanto la atención como aquel Buick".
-¿Y los coches europeos? -Bueno, su número era muy inferior al de los coches americanos. Lo que fue una novedad, sin duda, fue la llegada de los MG TC que eran relativamente caros frente a los autos americanos standard.
Ford y Chevrolet
"Este había sido siempre un país del Ford o Chevrolet, y en el '47 se vio más que nunca", opina por su parte Pablo Nápoli, toda una vida dedicada a la transacción con autos de primera, segunda o vigésima mano y propietario de un apasionante museo personal instalado en Palermo con todo tipo de testimonios del automovilismo en la Argentina durante todo el siglo.
"Con esto quiero decir que las otras marcas eran miradas con cierta desconfianza -explica Nápoli-; por supuesto que estaban los autos de lujo como los Cadillac, Lincoln, Buick o Packard, pero en lo que hace a la clientela gruesa, nada podía compararse al atractivo de los Ford o Chevrolet. Te puedo dar un caso concreto en aquel año '47, cuando todos los autos se tenían que comprar con una orden por escrito de Industria y Comercio, un amigo mío obtuvo una orden para que le entregaran un Nash, una de las tantas marcas para las que se habían otorgado cupos de importación en aquel momento. Mi amigo no quiso la orden: prefirió seguir esperando hasta que lo favorecieran con una para un Ford o un Chevrolet."
Pero, ¿cuántos autos entraron en definitiva en aquel año de las famosas órdenes de compra? Nadie lo recuerda con exactitud, pero hay otro dato que dificulta la estimación: en la Argentina hubo tantos autos del '47 porque en realidad siguieron viniendo autos de ese modelo aun años después, ya a comienzos de la década del '50. Otro factor de ingrata memoria es el que aporta la explicación: el por entonces célebre paralelo 42.
Aunque para muchos el paralelo 42 sea algo tan olvidado como las cupé Mercury, esa simple denominación geográfica dio lugar a innumerables irregularidades y manipulaciones administrativas. Se concebía como zona relativamente franca a todo lo que estuviera al sur del paralelo 42 -o sea gran parte de la Patagonia- para fomentar los atractivos de dicha región.
Los despiertos de siempre –una gran tradición argentina– apreciaron de inmediato que eso implicaba poder importar autos para esa zona, algo que ya era imposible en el resto del país,... para venderlos luego localmente en la zona de verdadero consumo, o sea Buenos Aires.
"Lo que pasaba –explica también Nápoli– es que desde 1948 en adelante, todos los autos debían tener despacho de aduana, pero eso no era necesario para coches de 1947 o antes. De ese modo, si uno traía un auto de 1947, comprado usado en Estados Unidos –donde los usados no valían nada luego de tres o cuatro años en la calle– lo podía traer como para dejarlo al sur del paralelo y luego inscribirlo en cualquier zona del país dando solamente de baja algún otro auto mucho más viejo. Yo me cansé de ver coches traídos para el sur del paralelo y que jamás bajaron más allá de Mar del Plata. Los desembarcaban directamente en Buenos Aires y a otra cosa, total eran modelos '47 y no necesitaban despacho de aduana. Y te doy otro caso verídico: el de una persona que se había traído un Citroën 11 ligero del año 1951 pero haciéndolo pasar como un '47 usado. El problema es que el modelo 51 tenía una diferencia externa importante con el '47 porque tenía un baúl voluminoso. Este hombre le cambió la chapita del número del motor, que venía adosada a la carrocería, y además le hizo modificar la carrocería para evitar cualquier suspicacia. El auto se convirtió en un '47 aunque era un '51."
Usando un '47 en 1987
Restricciones aparte, los autos del '47 marcaron toda una etapa en la Argentina y permitieron que millones de argentinos pudieran moverse en auto durante décadas.
Algunos lo hacen hasta hoy. Como en el caso del dueño de la Chevrolet Fleetline a quien le dejé un mensaje en el parabrisas y que me respondió a los pocos días. Tal como parecía al ver el auto en una calle de la City, el dueño de la Fleetline la usa a diario como auto de transporte de ida y vuelta a la oficina.
Se trata de Manuel Peña, hombre vinculado a la industria automotriz argentina, y, por separado, entusiasta de todo tipo de autos. Hace cuatro meses, pasando por una agencia de la Avenida Rolón, en San Isidro, vio una cupé Chevrolet '47 Fleetline cuyo estado externo no permitía equivocarse: era un auto bueno de verdad. "Era casi de primera mano –indica Peña– y había pasado la mayor parte de su vida en General Madariaga, en la provincia de Buenos Aires. Se veía que estaba todo al pelo y todo original. Aunque pedían un poco caro –el equivalente a 2.500 dólares– me pareció que valía la pena la compra. Me lo llevé y no me arrepiento. Le dejé el otro auto a mi mujer y uso la Chevrolet para ir al centro. Tiene un solo punto en contra, el consumo de nafta, pero en lo demás es como un auto moderno. Confortable, suspensión mullida, frena bien. Ya eran autos modernos."
No lejos de allí, en el Tigre, el señor Carlos Rivero Olazábal dirige un estudio de promociones publicitarias junto a su socio, Ricardo Muskett. Estudio y taller a la vez –porque allí se construyen instalaciones publicitarias para stands– Rivero necesita de un auto para desplazamientos cotidianos, en el cual llevar planos, materiales y maquetas. "Hace seis años -indica- tenía que comprar un auto para uso diario y pensaba en una camionetita de tipo Renault 4L. Pero las finanzas no daban para mucho y pensé en otra posibilidad: me compré un Ford '47 sedan dos puertas bien mantenido y con buena mecánica. Es cierto que siempre me gustaron los autos viejos y que, además, soy fordista. Pero, de cualquier modo que lo analice, la compra fue un acierto. Me costó muy poco y es un auto totalmente usable aunque tenga 40 años de edad. Son rústicos, caminan siempre y no se rompe nada".
"Su única contra, naturalmente, es el consumo de nafta, pero está plenamente compensado con que no gasta absolutamente nada de taller. Jamás hay que hacerle un arreglo y si hace falta un repuesto se consigue todo y a bajo costo."
–¿Alguna precaución especial en el manejo cotidiano? –Manejarlo con cuidado y no seguir el ritmo del tráfico actual, sin picar en cada semáforo para frenar en el siguiente. Si uno trata con más delicadeza la caja, los frenos y las aceleraciones, el auto prácticamente no tiene un solo problema.
Por algo siguen en la calle 40 años después...
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