La reunión se hizo en unos galpones de la Zona Norte, donde muchos años atrás había existido una fábrica de autos. La había convocado el Falcon, recientemente designado presidente de la AAQUENOSEFAMAS (abreviatura de Asociación de Automóviles Argentinos Que No Se Fabrican Más).
El orden del día comprendía dos importantes puntos: la invasión de autos importados y el peaje de las rutas. Las asambleas de la Asociación se estaban espaciando en los últimos tiempos:muchos de los socios de la entidad salían cada vez menos de cocheras y garajes, cuando no de los fondos de algún taller donde estaban abandonados; algunos tenían dificultad para salir entre montañas de chatarra; otros encontraban cerradas las puertas de los gallineros donde servían de dormitorio a las gallinas. Muy pocos de ellos conservaban empleos dignos.
Por eso hacía años que muchos de ellos no se veían. En los playones de la antigua fábrica, esperando que llegaran los más rezagados y la hora de la convocatoria, se formaban animados corrillos.
Los viejos Peugeot y el Fiat 1500 que habían sido grandes rivales mucho tiempo atrás, se habían puesto cerca de la reja del portón y espiaban a los que llegaban, sacándoles el cuero, con la estridencia de sus escapes libres:
-Mirá quien viene ahí -bocineó el "milqui"-, el Valiant I; parece un TC de los de antes con sus guardabarros recortados...
-Y allá por la esquina está doblando el Bergantín -replicó el 403-, tan coqueto que se quitó la parrilla para que lo confundan con un Alfa Romeo...
-Mirá, mirá... Qué viejo está el Simca Ariane... -Ese, nació viejo- chismorreó el 404 con su cola caída por un autazo.
Algunos, como el Fiat 600, entraban modestamente, como no queriendo hacerse notar. Otros, en cambio, pese a los abollones y arreglos de masilla, como el Kaiser Carabela, el Dodge Coronado y el Rambler Ambassador, pretendían impresionar a la concurrencia con sus aires de bacanes de otros tiempos...
-Llegué tarde -dijo el Carabela- porque no podía conseguir luces traseras originales. Son tan largas... y hermosas, pero no se consiguen. Pero no quería faltar y para salir del paso me puse estas de Rastrojero. Estas reuniones se tendrían que hacer de día -mocionó con cierta lógica.
-Te vendría bien una cirugía estética y no sólo en la cola -aventuró el Falcon con una sonrisa socarrona, mirándole la trompa, mientras ya se subía a una tarima desde donde presidiría la esperada reunión.
- Miren quién habla... vos, que cada dos o tres años te hacías toda la facha nueva. Y mirá que te conozco desde hace años...
-Bueno, ché, no se peleen -intervino el Fairlane-. Comencemos la reunión que quiero irme cuanto antes porque tengo que "hacer" un casamiento.
Ya estaban casi todos. El DKW y el Graciela habían llegado envueltos en nubes de humo de aceite de sus mezclas; el Rambler saludando a todos con los enormes besos de su boca de pescado; el Torino, rugiente, aún con su pintura decolorida; el Chevrolet 400 aplaudiendo con sus chapas picadas; el Di Tella, con sus puertas caídas y el tablero todo agujereado por los soportes de taxímetros; el Citroën 2CV, lleno de libros y con un aire intelectual que acentuaba con anteojos.
Los más chicos se ubicaron en las cercanías de la tarima: allí estaban la Galerita NSU, el Isard 700 -que no paraba de hacer ruido a máquina de coser con su motor- su hermanito, el Isard 300 que fumaba descaradamente para hacerse el grande, el De Carlo 700, que seguía diciéndole a todo el mundo que él era una especie de noble, de abolengo BMW, el popular Fiat 600 muy querido por todos y a un costado, calladitos, el Heinkel y el Bambi (este último tuvo que presentarse porque muy pocos se acordaban de él).
El Falcon tomó la palabra luego de hacer callar el continuo ruido de motores y bocinazos que atronaban en el ambiente:
- Amigos, la situación es grave. Tenemos que tomar alguna medida. Algo así como un plan de lucha. Por un lado, los precios de los peajes...
- Propongo que los evitemos yendo por caminos de tierra -propuso el decano de la Asociación, el Jeep IKA (en realidad el Autoar, que no había venido a la reunión por atendibles razones de salud, le discutía el título... como también lo podía haber hecho con justa razón el Graciela, si no fuera tan modesto).
- No todos tenemos tu aptitud para andar por caminos desparejos, se opuso el Opel monocromático...
- Hay que atropellar en las casillas y escaparse, dijo con suficiencia el Dodge coupé GTX.
- Si corrés vos, a poco te agarran en la primera estación de servicio, tomando nafta - argumentó el Di Tella, a quien la idea de salir corriendo no le causaba mucha gracia.
La discusión se prolongaba y no había ninguna definición sobre el tema. La Estanciera pidió entonces que se tratara el otro asunto, con un razonamiento lógico:
- Si al fin y al cabo, nosotros ya no salimos a la ruta. ¿Por qué nos preocupamos por este asunto de los peajes?
La cosa quedó ahí y se pasó al asunto de la importación...
- Esto, señor Presidente -elevó la voz el Taunus “línea vieja”- ya lo vimos en el ‘79, en el ‘80 y en el ‘81. Los hijos del Sol Naciente, con sus ojitos achinaditos y sus piripipís, nos hicieron pasar más rápidamente al retiro, obligándonos a jubilar a muchos de nosotros antes de tiempo. Es imperioso que hagamos algo, y golpeó teatralmente el suelo con un zapateo de su tren trasero.
- Propongo no arrancar más por las mañanas, desconectando nuestras baterías, propuso un Ami 8 que empezaba siempre el día con un empujón.
- No sirve -retrucó el Fiat 770-, hagamos huelga de hambre y sed: cerremos nuestros tanques en las estaciones de servicio y neguémonos a andar.
- Para no meternos en líos, que funcionen sólo los que trabajen como ambulancias o patrulleros dijo cauto el Dodge 1500.
- Rompamos nuestras patentes y vayámonos a las playas opinó el Mehari.
Los motores se recalentaban con tanta discusión; los bocinazos no dejaban oír los dichos que se entrecruzaban. El Falcon tuvo que recurrir a una oculta sirena para que todos se callaran y entonces dio la palabra al Fiatín.
- Conservemos la calma, compañeros. ¿Qué nos hizo envejecer a nosotros? El tiempo, dirán... y es verdad. Pero no sólo eso: nos arruinaron los empedrados, las rutas poceadas, los baches ciudadanos, los repuestos caros y malos, la nafta sucia, los impuestos extraordinarios “por única vez” que vimos tantas veces, los cambios de régimen automotriz, la carga tributaria que cada temporada aparece con más cuotas de cada patente y más caras. Dejémoslos venir a los importados que van a saber lo que es bueno...
- Tiene razón el chiquitín, dijo el Chevy que se había mantenido callado en cierta forma porque no lo pasaba al Falcon. Tomemos algo y cada cual para su casa, que ya es tarde...
El 128 IAVA había traído nafta de aviación que le había sobrado de sus épocas en que practicaba el deporte. En un tambor de 200 litros lo mezcló con especial de surtidor, aditivos varios y un poco de nitrometano que había traído el callado Isard 1204.
Ahí se amigaron todos. Dos horas después, se iban los últimos del viejo galpón. Y el 4L haciendo flamear “las latas” mientras hacía eses, le comentaba a su compinche el Dauphine: Lo que mata, no es la bebida; es la mezcla...

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