sábado, 25 de abril de 2026

Boeing B-17 Flying Fortress en Argentina


Imagen coloreada con IA Gemini

Historia de un abandono
Por A. Marino
Revisa Aeroespacio Nro 502. Noviembre - Diciembre de 1994

Uno de los tantos misterios impenetrables de la aeronáutica argentina, fue el caso de los dos Boeing B-17 E (Fortalezas Volantes), abandonados durante muchos años en el aeródromo de Morón, posados sobre el pasto, atacados por las inclemencias del tiempo y los cazadores de "souvenires" que los depredaron lentamente.

Verlos allí, desmoronándose, estimuló mi curiosidad, y decidí investigar, lejos de imaginar la increíble historia de estas dos máquinas concebidas para la guerra y que desempeñaron en ella un largo y honroso papel, pero no pudieron sin embargo concretar en nuestro suelo su destino de paz, a pesar de los esfuerzos que hizo el hombre que las trajo, para salvarlas de su ignominioso destino final.

Como el tema me intrigaba, comencé a hacer averiguaciones y éstas me llevaron hasta el señor Carlos Joaquín Perez de Villa Larroudet, con quién tuve una entrevista en el año 1991. Este aviador civil rosarino, de 75 años me contó las innumerables aventuras en que se vió envuelto desde el momento en que decidió adquirir las dos máquinas, provenientes de la Royal Canadian Air Force (matriculadas como 9205 y 9206) en u$s 120 000 cada una, incluyendo este precio accesorios, repuestos y seis cubiertas.

Estas aeronaves tenían una gran autonomía de vuelo, que podía ser aumentada, en caso necesario, con el agregado de tanques de combustible suplementarios. Además, si bien habían sido diseñadas con fines bélicos, finalizada la guerra se las había transformado en aviones de carga, retirando el armamento y revistiendo con chapa todas las aberturas antes cubiertas por plexiglass.

La idea de Perez de Villa era, una vez llegados a Buenos Aires, transformar uno de los B-17 en una especie de “lloyd aéreo” para ejecutivos, que realizaría vuelos a Hong Kong, El Cairo, etc. Con el otro inauguraría una línea de carga para traer langostinos desde Comodoro Rivadavia a Buenos Aires dos veces por semana. Como la diferencia de precio era apreciable, las utilidades podrían reinvertirse en acondicionar la aeronave destinada a “línea aérea ejecutiva”.

Corría el verano de 1947 cuando Perez de Villa parte hacia Miami a buscarlas, donde se encontraban expuestas como rezago de guerra en un aeródromo, junto con otros aparatos. Una vez allí recibe instrucciones durante largas horas y por varios días, de dos aviadores norteamericanos. El 26 de febrero decola en la 9206 con destino a Buenos Aires. La primera escala fue en Ciudad Trujillo, actual Santo Domingo.

Pocas horas después arriba el otro B-17 (matrícula 9205), pero debe esperar varios días, pues antes de poder continuar viaje es necesario remplazar un motor (fundido en vuelo desde Miami). Luego continúa por una ruta distinta, cercana a la costa del Pacífico, aterrizando en Morón a mediados de marzo de 1947.

La travesía de la 9206 y sus tripulantes no pudo ser más accidentada. Al llegar a Belém (Brasil) el 2 de marzo deben aterrizar en una pista militar, ya que la civil era de tierra. Al descender de la aeronave, son rodeados por personal del aeropuerto y conducidos a una dependencia en la que pasan detenidos varias horas de incertidumbre, hasta que se clarifica la situación. Logran partir recién el día 5 de marzo, pero las peripecias no terminan allí. La 9206 llega a Porto Alegre de noche, con gran nubosidad y muy poco combustible. Debido a la poca visibilidad aterrizan a 200 m del edificio central del aeródromo. Para poder reabastecerlo hubo que movilizar peligrosamente al ya casi exausto B-17. Por fin arriban el 7 de marzo a Morón, luego de totalizar 26 h 31 min de vuelo, con las tres escalas intermedias.

Las Fortalezas Volantes quedan pues estacionadas en Morón, hasta que abandonando la idea del lloyd y la línea aérea, Perez de Villa se asocia con los hermanos Udabe, constituye la Udabe y Cía. e intenta vender las máquinas a la Armada Argentina. Luego de un vuelo de prueba, la operación no se concreta. El 28 de abril de 1947 solicitan al director de Aeronáutica Civil la liberación de los derechos de repuestos y accesorios de los aviones 9205 y 9206, pocos días más tarde (3 de may 1947) se ofrecen al agregado militar de la embajada paraguaya, “con tanques suplementarios, 15 horas de autonomía de vuelo y 4 motores de repuesto para cada uno” que llegarían desde Nueva York durante los siguientes 60 días. El precio fijado para cada aeronave era u$s 300 000. Esta venta también fracasa.

Las máquinas quedan abandonadas en Morón, sujetas al deterioro y la depredación hasta 1964. Posteriormente, en una fecha difícil de precisar, son vendidas a chatarreros en u$s 15 000 y sus nobles restos fundidos.

Los dos B-17 argentinos

La primera B-17 E (número de construcción 2249, planeador Nº 412438) fué fabricada por la Boeing Aircraft Company en Seattle (Washington), y aceptada para entrar en servicio el 1 de diciembre de 1941. Al día siguiente voló a Salt Lake City, donde permaneció hasta el 26 de ese mes, cuando fué despachada a Hickam Field en Hawai (Seventh Air Force) y empleada presumiblemente para patrullas de defensa.

El 13 de noviembre de 1942 vuela de regreso al continente en donde se le asignan varios destinos dentro de EE.UU. El 16 de diciembre de 1943 es transferida directamente desde Ohio (sede de Fairfield Air Depot) a la RCAF en Ontario (Canadá), siendo la fecha de baja de la USAF el 11 de diciembre de 1943 y asignándosele la matrícula 9206 de la RCAF. En nuestro país, el 12 de Abril de 1948, se le otorgó la matrícula LV-RTO.

La segunda B-17 E (Nº de construcción 2 614, planeador Nº 41-9142) también fue fabricada por la Boeing y aceptada por el servicio el 25 de abril de 1942. Fue asignada inmediatamente al 34 th Bomb Group de Pendleton Army Air Field en Oregon, pasando luego a varios destinos más dentro de EE.UU. El 22 de Septiembre de 1943 resulta averiada en un accidente (estando asignada a Lockbourne AAF, Ohio). Se la repara el 14 de diciembre de 1943 y se entrega a la RCAF en Rockliffe, Ontario, adjudicándole la matrícula número 9205. En nuestro país, el 12 de Abril de 1948 se le otorgó la matrícula LV-RTP.

Cuando las dos máquinas llegaron a Morón en 1947, probablemente las únicas inscripciones que tenían eran sus respectivas matrículas de la RCAF pintadas sobre una terminación de aluminio natural, además de los paneles negros antirreflejos sobre la nariz (delante de la cabina), y sobre las barquillas del motor más cercanas a la cabina. A posteriori se les borró la matrícula canadiense y se les pintó la argentina. 


El B-17 LV-RTO apenas arribado al país (1947)

Uno de los B-17 en Morón (1953)



Imagen creada con IA Gemini


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