Revista Corsa Nro 524. Junio de 1976
Hasta hace bastante menos de un año, el Señor Cliente llegaba hasta la vidriera del concesionario y -la ñata contra el vidrio- debía invalidar frente a esas inexpugnables murallas de cristal sus propias ganas de comprarse un auto. No le quedaba otra cosa por hacer, sabiendo que por el solo hecho de atravesarlas, la vida lo iba a ametrallar con un millón y medio de contratiempos: tener que pagar en blanco y negro a esa máquina adorada que había soñado en colores, recibirla (quizá) dentro de ocho meses con el precio ajustado a la inflación que ya apuntaba al 700% anual, admitir acaso que se la entregaran sin el tablero de instrumentos, el calefactor y la rueda auxiliar. Todo eso olvidándose de elegir el tono de la pintura y del tapizado, aceptando pagarlo al contado o permitiendo que los intereses de una financiación parcial duplicaran el costo de la unidad en menos de sesenta semanas, renunciando en forma automática al derecho de llevarse un coche correctamente terminado y sabiendo que, en caso de llevárselo, la baja pero costosa calidad del service se lo hubiera desmerecido.
Aunque bastó que al almanaque se le cayeran cuatro mechones para que los términos quedaran mágicamente invertidos y ahora es "El Concesionario amigo de su zona" quien fuma con la prolijidad de los inactivos junto al vidrio (pero del lado de allá) preguntándose hacia dónde habrá ambulado aquella generosa e interminable caravana de ventas que lo inundaba de honor y de cheques. Si había tantos Señores Clientes, que cualquier Señor Cliente en especial podía, de pronto, llegar hasta la vidriera y pegar media vuelta, desmoralizado por las condiciones que el éxito permitía imponer, ofendido por la cantidad de antecesores.
Se cuenta entre los vendedores de automóviles que dos competentes deportistas de la especulación naturalmente, particulares- lograron comprar unos 50 Fiat "128" en menos de 30 millones cada uno y que ahora, cuando el precio de la unidad roza los 120 millones, los venden en 85-90 millones haciendo aún así un negocio ejemplar.
Y pegado al paragolpes trasero de esa anécdota, repetida hasta el hartazgo, viene pegado el morro de la moraleja que durante cualquiera de estos días puede oírse en el salón de casi todos los concesionarios que se vaya a visitar: "Actualmente es más fácil comprarle un "cero kilómetro" al particular que haya especulado que a la agencia oficial. Y hasta que esa bolsa negra no se agote, las ventas no se van a normalizar...".
La señorita oferta y la señorita demanda
Mezclados en esa situación, hoy marchan codo a codo quien no puede pagar las cuotas indexadas y quien lo alivia del problema comprándole el auto y la responsabilidad a un precio escaso; el caballero que le habla "prestado" un sedan a la rubia y el ama de casa que renuncia a tener cuatro ruedas como segundo auto familiar, ambos queriendo transformar el vehículo en dinero; el mecánico que compra barato para arreglar y vender; el especulador dispuesto a hacer rodar su mercancía; el Señor Cliente que cambia de vendedor después de quince años y decide su compra en la agencia de la otra cuadra porque allí le ofrecen las alfombras y la antena sin cargo; el optimista que aguarda un loco descenso de los precios y el gris que se desprende de su "dos puertas" sólo porque el garaje cuesta cuatrocientos mil por mes y se chimenta que la nafta va a aumentar.
En síntesis, frente a semejante procesión de urgencias y expectativas comerciales "el Concesionario amigo de su zona" sólo dispone de una alternativa: o mirarla pasar con los brazos cruzados, o sacar pasaje en la cruz...
Mientras tanto, la caza del Señor Cliente -ese magnífico juego- va incorporando momentáneamente reglas de desproporcionada conveniencia para el comprador: se derrumban las tasas de interés, se garantiza una mayor calidad en todos los servicios, cada concesionario en forma individual ofrece tentadoras y atractivas variantes del negocio, sube el precio de los usados que se entregan como anticipo, baja el monto de las cuotas pese a la inflación, existe una absoluta apertura para elegir fecha de entrega, equipos opcionales o color. Y esa caminata típica que el Señor Cliente hace por las agencias buscando la mejor operación (una verdadera asamblea de ofertas, una auténtica licitación) instruye sobre mecánica, capacita en leyes comerciales e ilustra como una Universidad de mostrador al ciudadano que -desprovisto de tácticas y conocimientos, propulsado exclusivamente por su ilusión- rogaba hasta hace pocos meses al concesionario que le vendiera una berlina azul por el amor de Dios.
En resumidas cuentas:
- Este round lo gana el cliente.
- Todo parece señalar que la situación se mantendrá al menos durante tres o cuatro meses.
- No hay ningún indicio de que el precio de los autos vaya a descender, mientras que, contrariamente, persisten las condiciones para que sigan aumentando.
- Concluyó (como debe ser) la etapa del automóvil - inversión para inaugurarse la era del automóvil - necesidad.
La estructura del asunto es tan cristalina que ni siquiera es necesario manotear entre los racimos de cifras que lo circundan para elegir un par de números y completar la explicación. Por otra parte, basta sacar a bailar cuatro o cinco palabras para describir el origen, el desarrollo y las proyecciones de esta estruendosa reversión del mercado que hasta fines de 1975 nadie hubiera osado presumir: cuotas, indexación, interés, ventas, precios; interés, precios, ventas, indexación, cuotas; ventas, interés, indexación, cuotas, precios, país...
"HASTA EL FIAT 600 COTIZADO EN DOLARES..."
JOAQUIN "COCO" RODRIGUEZ, 42 años. Consignatario y revendedor de automóviles usados en Avda. Santa Fe al 5000, Buenos Aires.
"Durante estos días vendí en 105 millones una cupé Torino 1975 que normalmente se debe cotizar en 160. Realmente no se justifica tener dos autos o un auto muy gastador cuando ese mismo capital, invertido en Valores Ajustables está rindiendo el 1 por ciento diario. Por eso la gente vende a cualquier precio en forma particular y así es muy difícil que el comprador vaya al concesionario. Una referencia: la cupé Torino "cero kilómetro" vale 240 millones...
"Se conoce en el ambiente el caso de quien, para vender 20 autos en un mes gastó más de 10 millones colocando avisos en los diarios. Las dos líneas de avisos "clasificados" aumentaron de 20 a 75......mil pesos. Para ahorrar ese gasto y para no pagar comisión a intermediarios la gente prefiere anunciar que su auto está en venta estacionándolo en la calle y colocán...dole un tarro vacío sobre el techo. Por eso, hoy existe un índice increíble de compras y ventas efectuadas entre particulares.
"Hasta hace pocas semanas cualquier usuario llegaba aquí con su Fiat 600 para venderlo y nos indicaba: "Pidan 1.400 dólares". Se sigue vendiendo tan poco como entonces, pero, por lo menos, ahora operamos en pesos argentinos...
"El comprador de autos usados no debe confundirse buscando autos con gomas viejas, mala terminación o mecánica deficiente para pagar menos. Hoy un juego de neumáticos para Fiat 600 vale 2 millones de pesos, las fundas de toalla para los asientos 900.000, reparar un tren delantero 1.500.000...
"Lo que se vende con mucha facilidad es el auto de quien necesita dinero con urgencia. Por lo demás, lo normal es perder cinco ventas "hechas" por día y colocar 8 autos por mes en vez de los 40 habituales. La única manera posible de trabajar con precios reales..."