Suspensiones con todas las regulaciones imaginables y los frenos de la GPZ 1100 posibilitan tenida y potencia en el frenoje, respectivamente
A medida que la pantalla que marca el incremento de turboalimentación se va llenando con segmentos, la aceleración es increíble. Apretamos las rodillas firmemente contra el tanque. Acelera, acelera y sigue acelerando. La rueda delantera insiste en no querer tocar el piso. La pantalla con segmentos hace rato que se completó y el aullido de los escapes llena el casco. La causa; la potencia de una 1.100 en el envase de una 750
La estrategia de ventas de motocicletas, la "guerra no declarada" entre las terminales japonesas, las únicas, sin duda, capaces de mantener el ritmo afiebrado de esa renovación tecnológica, principal arma utilizada, me hace acordar mucho al juego de las sillas.
Quien no recordará que acostumbrábamos a colocar sillas en círculo e igual cantidad de participantes, más uno, que trotaban alrededor y, a una señal dada, todos trataban de ocupar un lugar.
Indefectiblemente por esas cuestiones de las matemáticas, uno quedaba sin poderse sentar y era eliminado del juego. Inmediatamente, se quitaba otra silla para poder desequilibrar las cantidades y se comenzaba otra vez.