sábado, 5 de septiembre de 2026

César Castano: Yo tuve la primera fábrica de argentina de autos

Imagen coloreada con IA

Historia
César Castano
Por Enrique Sanchez Ortega
Revista Corsa 242. Diciembre de 1970

Primero construyó un auto de carrera con chasis Hudson y motor SPA de 220 HP, después otro con chasis Isotta-Fraschini y motor de 250 HP. Inmediatamente después de la guerra se embarcó en la construcción de coches utilitarios económicos: los "Castanito". César Castano fue también un momento de nuestro automovilismo.

El punto de partida para el lirismo lo dio Anasagasti con aquel primer coche argentino que fue a correr a Europa cuando el siglo recién nacía. Un chasis con carrocería criolla y el motor francés para empujarlo. Después fueron treinta y pico de chasis y otros tantos motores para dejar precedentes de aquellos intentos por iniciar una industria argentina.

Hispano-Argentina vino después. Por el espíritu del ingeniero Ballester Molina, quien puso una cigüeña volante sobre las terrazas de Buenos Aires para que muchos evocaran su abolengo mecánico que arrancaba en Barcelona con el nombre de Hispano-Suiza.

Construyó autos y camiones de marcado refinamiento mecánico. Después, poco a poco, la cigüeña de bronce fue deteniendo su vuelo para caer un día desde el techo de la fábrica silenciosa e inmóvil. Del segundo intento de producción nacional sólo queda el interés arqueológico de los pocos ejemplares que se desintegran en algún baldío sin otro valor que el ser historia automovilística.

Y el tercero fue César Castano. Un italiano que llegó a la Argentina a los dieciocho años. Amigo del Conde Caproni, ciclista y motociclista de aquellos años, un día emigró a esta lejana aventura. Sus inclinaciones adolescentes lo obligaron a continuar aquí con sus conocimientos mecánicos aplicados y así, un día, su taller en la calle Canning comienza a conocerse. Porque allí se publicita la construcción "del automóvil Castano de construcción nacional".

"En nuestro país se han realizado hasta hoy interesantes esfuerzos a fin de implantar la industria automotriz, cuyo desarrollo se evidencia en la circulación de la enorme cantidad de automóviles de procedencia extranjera. Pero los nobles propósitos, muchas veces, se han visto defraudados ante la indiferencia de los más y el poco tino puesto en la preparación de los coches por aquellos «pioneers» de la industria argentina."

"Empero la semilla esparcida por los que recorrieron primero ese camino va fructificando poco a poco. El automóvil CASTANO, sin ser ni representar la exponencia de esos esfuerzos, es puede decirse, la continuación de esa patriótica labor. Su construcción, fuera del motor de aviación de 220 HP que lo propulsa, ha sido hecha en los talleres nacionales situados en la calle Canning 1248 con materiales y mano de obra netamente argentina y bajo la inmediata dirección de un técnico formado en los establecimientos nacionales..." Noviembre de 1923.

Diarios y revistas de la época hablan del auto de Castano. Se presenta en el Salón Internacional del Automóvil de Buenos Aires en 1923. Y, finalmente, se ve envuelto en un desafío al extraordinario corredor italiano Pietro Bordino

En 1925 la casa Fiat resolvió mandar a su piloto oficial con un coche Grand Prix de dos litros para que hiciera demostraciones en Sud América. Estuvo en Brasil y allí alcanzó los 191,280 km/h en el kilómetro lanzado, para el asombro indescriptible de los lusitanos. Llegado a nuestro país se intentó hacerlo correr en la calle Blandengues; pero las irregularidades del piso obligaron a trasladar la demostración a la recta de Morón a Bella Vista partiendo el kilómetro frente al histórico almacén de Cagnone. 

El italiano deslumbró a la paisanada con una pasada -la más veloz- a 192 kilómetros y pico por hora. Ante esa velocidad, un periodista inventó el desafío propuesto por Castano con su coche nacional (chasis Hudson con motor SPA de aviación de 220 HP). Se le formuló la propuesta oficialmente al italiano, pero, como era obvio, la Casa Fiat se negó terminantemente a participar de tal disparate. No obstante, Castano realizó, basado en la velocidad obtenida por Bordino, su propia intentona. 

"El piso no estaba como cuando probó Bordino -nos dice actualmente Castano-. Al italiano todos los que lo acompañaban le taparon hasta los pocitos más chicos del camino porque eran muy obsecuentes. En cambio cuando fui yo el camino estaba todo roto de nuevo. Salimos a probar para un lado y después para el otro. Habíamos alcanzado mil y pico de vueltas en directa con el motor de 16 litros y el diferencial con la relación 1:1. Hicimos los cálculos y resulta que estábamos andando a 180 km/h. Entonces me di cuenta que estaba sin frenos... Pude detener el auto sin pisar a nadie en medio del campo y allí terminó nuestro desafío".

Pasaron los años y de repente vuelve a escucharse el nombre de Castano. Ahora su nombre ligado a la Fábrica Argentina de Automóviles CC (César Castano). Diseñan un furgoncito con motor de dos tiempos y 700 cm3 de fabricación económica para que su precio de venta resulte accesible. Y en 1946 se prepara una serie de 20 unidades. El motor, por sus características, permitía que se lo construyera con maquinaria universal y muy pocas herramientas especiales.

Los talleres de la calle Donato Alvarez trabajan de lleno en los "Castanito". Se siguen atendiendo, como tantas veces, coches de carrera. Los equipos italianos que nos visitan para las Temporadas Internacionales de Fórmula llevan sus coches allí. Varzi, Villoresi, Fangio concurren a la casa de Castano.

Los engranajes, cajas y diferenciales que antes construyó en la planta de la calle Canning se reemplazan por rodamientos de todo tipo y herramientas para proveer a YPF. Pero un día la producción de coches se detiene. El gobierno brinda su apoyo al IAME para construir también autos económicos con motores de dos tiempos.

El "Castanito" construido íntegramente en el país en base al motor y chasis DKW pudo haber sido la primera serie de vehículos netamente argentinos de post-guerra. Se hicieron veinte "Castanitos". Como sus líricos y entusiastas predecesores, César Castano ha dejado la forma de un radiador de bronce, el escudo esmaltado con las dos C de sus iniciales y la efigie en bronce de la cabeza de su hijita (muerta en un incendio) en la punta del capot de uno de sus coches para que su nombre perdure.

Castano es, así, un momento en el camino automovilístico recorrido por nuestro país.

El primer "Castañón", con motor SPA de 220 HP. Con este coche corrió el desafío contra Pietro Bordino

La larga cola del coche se quitaba. Así pudo entrar en el salón de la Exposición del Automóvil de 1923. El cochecito es una réplica del grande construido por Castano para su hijo


Ese es el Castanito. Motor de dos tiempos sumamente accesible ya que los guardabarros en conjunto con el capot se volcaban hacia adelante. Se hicieron veinte

Este es el prototipo de la motoneta "Adelante" que pensaban construir en la fábrica de Donato Alvarez antes de la revolución del 55

"Lo hacíamos todo, incluso el motor". Nos contaba Castano, convaleciente de la caída de un árbol frutal

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