Por Enrique Sanchez Ortega
Diarios y revistas de la época hablan del auto de Castano. Se presenta en el Salón Internacional del Automóvil de Buenos Aires en 1923. Y, finalmente, se ve envuelto en un desafío al extraordinario corredor italiano Pietro Bordino.
En 1925 la casa Fiat resolvió mandar a su piloto oficial con un coche Grand Prix de dos litros para que hiciera demostraciones en Sud América. Estuvo en Brasil y allí alcanzó los 191,280 km/h en el kilómetro lanzado, para el asombro indescriptible de los lusitanos. Llegado a nuestro país se intentó hacerlo correr en la calle Blandengues; pero las irregularidades del piso obligaron a trasladar la demostración a la recta de Morón a Bella Vista partiendo el kilómetro frente al histórico almacén de Cagnone.
El italiano deslumbró a la paisanada con una pasada -la más veloz- a 192 kilómetros y pico por hora. Ante esa velocidad, un periodista inventó el desafío propuesto por Castano con su coche nacional (chasis Hudson con motor SPA de aviación de 220 HP). Se le formuló la propuesta oficialmente al italiano, pero, como era obvio, la Casa Fiat se negó terminantemente a participar de tal disparate. No obstante, Castano realizó, basado en la velocidad obtenida por Bordino, su propia intentona.
"El piso no estaba como cuando probó Bordino -nos dice actualmente Castano-. Al italiano todos los que lo acompañaban le taparon hasta los pocitos más chicos del camino porque eran muy obsecuentes. En cambio cuando fui yo el camino estaba todo roto de nuevo. Salimos a probar para un lado y después para el otro. Habíamos alcanzado mil y pico de vueltas en directa con el motor de 16 litros y el diferencial con la relación 1:1. Hicimos los cálculos y resulta que estábamos andando a 180 km/h. Entonces me di cuenta que estaba sin frenos... Pude detener el auto sin pisar a nadie en medio del campo y allí terminó nuestro desafío".
Pasaron los años y de repente vuelve a escucharse el nombre de Castano. Ahora su nombre ligado a la Fábrica Argentina de Automóviles CC (César Castano). Diseñan un furgoncito con motor de dos tiempos y 700 cm3 de fabricación económica para que su precio de venta resulte accesible. Y en 1946 se prepara una serie de 20 unidades. El motor, por sus características, permitía que se lo construyera con maquinaria universal y muy pocas herramientas especiales.
Los talleres de la calle Donato Alvarez trabajan de lleno en los "Castanito". Se siguen atendiendo, como tantas veces, coches de carrera. Los equipos italianos que nos visitan para las Temporadas Internacionales de Fórmula llevan sus coches allí. Varzi, Villoresi, Fangio concurren a la casa de Castano.
Los engranajes, cajas y diferenciales que antes construyó en la planta de la calle Canning se reemplazan por rodamientos de todo tipo y herramientas para proveer a YPF. Pero un día la producción de coches se detiene. El gobierno brinda su apoyo al IAME para construir también autos económicos con motores de dos tiempos.
El "Castanito" construido íntegramente en el país en base al motor y chasis DKW pudo haber sido la primera serie de vehículos netamente argentinos de post-guerra. Se hicieron veinte "Castanitos". Como sus líricos y entusiastas predecesores, César Castano ha dejado la forma de un radiador de bronce, el escudo esmaltado con las dos C de sus iniciales y la efigie en bronce de la cabeza de su hijita (muerta en un incendio) en la punta del capot de uno de sus coches para que su nombre perdure.
Castano es, así, un momento en el camino automovilístico recorrido por nuestro país.
Ese es el Castanito. Motor de dos tiempos sumamente accesible ya que los guardabarros en conjunto con el capot se volcaban hacia adelante. Se hicieron veinte
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