sábado, 20 de enero de 2024

Carlos Reutemann y el Institec Justicialista en la Mille Miglia 1997



Quince años después, volver a correr, volver a vivir
Texto y fotos: Germán Sopeña
Revista Corsa Nro 1606. Mayo de 1997

Por un momento, el tiempo volvió atrás. Carlos Reutemann enfundado en su mameluco antiflama blanco de los años '70, con la remera del equipo Martini Racing, y este cronista cubriendo nuevamente una carrera en Europa en la cual participaba "Lole". 

¡Y qué buen retorno al pasado! Nada menos que en las "Mil Millas" de Italia, la mejor cita anual del mundo para competir con autos de carrera de otros tiempos. No se trata de autos de Fórmula 1 sino de máquinas Sport biplaza, pero la diferencia no es importante. Tampoco es correr a todo o nada y la competencia es más bien una carrera contra reloj y un motivo de encuentro con pilotos y periodistas veteranos de varias épocas. 

Pero se respira el aire inconfundible de las carreras, el ruido de los motores de alto régimen y hasta el olor característico del aceite que identifica a los autos de otros tiempos. Reutemann llegó hasta aquí sorpresivamente y con un auto que pocos hubieran imaginado: un Institec Justicialista de 1953, aquel extraño producto argentino con motor Porsche. de dudosa estética, más dudosa performance, pero reflejo al fin, del esfuerzo de una época para poner en marcha una industria automovilística nacional. 

La invitación a manejar ese auto provino del coleccionista argentino Marcelo Argüelles, quien ha restaurado ya varios modelos distintos de Institec para tratar de preservar lo que considera un patrimonio histórico indudable. Lo sorprendente es que Reutemann aceptó el convite, pese a que "Lole" ha sido siempre reacio a este tipo de oportunidades. Tras visitar el taller de Argüelles en Martínez y observar la minuciosidad con que se restauran allí los autos de otras épocas, Reutemann dio el "okey" pese a que nunca llegó a manejar el curioso Institec con motor refrigerado por aire y tracción delantera hasta pocas horas antes de la largada en Brescia. 

Rápidamente le tomó la mano y cuando lo encontramos en la ruta, en el curso de la segunda etapa, entre Ferrara y Roma. ya venía con el auto colgado de curva en curva, apoyado sobre la rueda delantera con el generoso rolido de un coche que parecía a punto de levantar vuelo. Argüelles se bajó del auto en la primera neutralización asombrado de la velocidad a la que venía "Lole" en la montaña.

"Nunca pensé que podíamos trenzarnos con vehículos Porsches y Alfa Romeos. Si lo viera el propio Peron se daría el gran gusto de su vida: un Institec mezclado con autos Ferraris y Maseratis". comentaba exhultante Arguelles.

Lo cierto es que influye mucho quien va detrás del volante. Reutemann no ha perdido un ápice de sus virtudes ni de su gusto por la velocidad. Tiene límites y reacciones propias de quien está muy lejos por encima de cualquier conductor normal, y se nota cualquiera sea el auto que tiene entre manos. Podía ser un Institec o un Mercedes-Benz 300 SLR como el que manejaba John Surtees en estas extraordinarias "Mil Millas 1997". La cuestión era andar a fondo y "Lole" no perdonó ni una sola de las miles y miles de curvas de los inigualables caminos italianos. 

Al paso por pueblos de montaña o grandes ciudades históricas, Reutemann fue, además, la gran figura de la carrera, porque sigue siendo muy bien recordado por sus años en la Fórmula 1 además de su nueva fama como hombre político. Muchos ya lo transformaban directamente en el próximo presidente de la Argentina, pero, más allá de la anécdota, lo cierto es que "Lole" despertó una repercusión notable, tanto por su figura como por el auto. "Una máquina fea pero muy original", según la calificación del diario II Giornale di Brescia

La carrera en sí fue el éxito de todos los años pero potenciado esta vez por los festejos del septuagésimo aniversario de las primeras "Mil Millas". Hubo más autos que nunca y llegó la ayuda de un tiempo excepcional en toda la península, con lo cual las jornadas a pleno sol fueron el complemento ideal para el paso de los autos de carrera de distintas épocas por los caminos de montaña de los Apeninos.

Como todos los años, también, la pelea por la punta de la carrera está exclusivamente reservada a los grandes especialistas italianos de este tipo de competencia por tiempos impuestos. Los dos mejores exponentes de esta especialidad, los dúos matrimoniales Valseriati-Sabadini y Cané-Galliani (los dos, ganadores previos de las "1000 Millas" históricas) fueron contratados respectivamente por los equipos oficiales Mercedes-Benz y BMW, con lo cual ya se sabía de entrada que iba a ser muy difícil competir con ellos. 

También a esta carrera esencialmente amateur llegó la presión de las luchas de marcas que se plantean como un objetivo obligatorio llegar en primer lugar. El duelo lo ganó Valseriati con el impresionante Mercedes-Benz 300 SL "ala de gaviota" Prototipo que había sido segundo en las Mil Millas" de 1952. Pese a que Cané-Galliani (ganadores en 1992, 1994 y 1996) venían en punta hasta comenzar la tercera etapa, Valseriati pasó al frente en los últimos primes y llegó con buena ventaja final a Brescia. 

Para la inmensa mayoría de los participantes, sin embargo, las "Mil Millas" no se corren para ganar sino para disfrutar la esencia del automovilismo de otros tiempos. Ruido a engranajes, motores que calientan si hay mucho tránsito, cajas duras y frenos relativamente eficientes. Pero todo el mundo se divierte al máximo, los autos viajan al límite de sus posibilidades y, por si eso fuera poco, hay varias ocasiones para el trago y el encuentro entre amigos para cambiar datos sobre la marcha de los autos y las vicisitudes el camino. Eso son las "1000 Millas" de Italia y no hay nada que se le parezca. 

MANI PULITE 

Vaticano. La gran novedad de este año fue el control de paso que daba fin a la segunda etapa, nada menos que en la plaza San Pedro del Vaticano. Allí esperaba, sello en mano, el cardenal Giambattista Re, ex obispo de Brescia y responsable de haber admitido que la gran caravana llegara hasta el mismo Vaticano. 

Los argentinos. Hubo varios autos argentinos compitiendo en las "Mil Millas", con suerte diversa. El mejor colocado resultó el dúo Brielli-Brielli (padre e hijo) que llegaron en 45 posición con su Alfa Romeo 6C 2300 de 1936. Diez puestos más atrás, en una carrera también meritoria porque es muy difícil competir con los especialistas italianos, un veterano ex integrante de CORSA, César Sorkin, anduvo muy bien, navegado por su hijo, con su Lancia Aurelia B20. Si no se quedaba con la palanca de cambios en la mano en el último prime, seguramente hubiera llegado mucho más adelante. Candidato para el futuro. Más atrás, Díaz-Buriasco, Claramunt-Orden, Reutemann-Argüelles e Iriarte-Oliva Vélez completaron también la carrera. 

Fuera de clasificación, en cambio, llegaron Pascuzzi-Pascuzzi (Alfa Romeo), Boyatjian-Marinsek (OM 1927) y TGold-González (Bentley 1926)

Susto. El peor momento lo vivió el matrimonio Pascuzzi-Pascuzzi con su Alfa Romeo 1939. En el camino entre Florencia y Bolonia chocaron con una moto y debieron abandonar la carrera para llevar al hospital a una chica joven que cayó del asiento trasero de la moto. Por suerte, fue sólo un susto, ya que no hubo lastimaduras importantes. 

El mejor auto. Aunque sobre gustos no hay nada escrito. creemos no equivocarnos si decimos que el auto más impresionante de la carrera era el Mercedes-Benz 300 SLR que manejaba John Surtees y que era la misma unidad con la que Juan Manuel Fangio llegó segundo de Stirling Moss en las "Mil Millas" de 1955. Oír ese motor ya es una sinfonía. Y verlo andar, en manos de Surtees, un placer completo. Allí se explica cómo pudo ganar Moss en 1955 con una máquina similar al increíble promedio de 157 km/h, algo sencillamente escalofriante. 

Especialidad. Los italianos parecen imbatibles en las "Mil Millas". Entre los cincuenta primeros sólo hubo tres equipos extranjeros: uno de Alemania, otro de Inglaterra y el tercero de Argentina (Brielli-Brielli).




El Institec Justicialista con motor Porsche con el eximio Reutemann al volante y su propietario Marcelo Argüelles, pasan por San Marino en la segunda etapa


Carlos Reutemann fue la presencia más destacada y uno de los participantes que más autógrafos firmó. Aquí en Siena, con una remera de su colección del Martini Rally de 1990


Una gloria viviente, Phil Hill, el primer estadounidense Campeón Mundial de F1 con Carlos Reutemann y el autor de esta nota, en Siena


Documento excepcional de un momento emotivo. Los argentinos Carlos Reutemann y Marcelo Argüelles parten orgullosos en el Institec Justicialista en la rampa de Brescia


En los ratos libres Carlos Reutemann pudo disponer de otra máquina fabulosa pero mas moderna; esta Ferrari 550 Maranello


Un poderoso Alfa en subida por caminos de la Toscana


Gallardo paso del monstruoso Bentley Blower 6.5 dominador de Le Mans a fines de los 20. Gold Gonzalez, uno de los nueve binomios argentinos, no se clasificaron


Brazo en alto nos saluda César Sorkin, uno de los argentinos más destacados. El inquieto ex-redactor de Corsa condujo una Lancia Aurelia B20 navegado por su hijo



Gran atracción de las "Mil Millas" italianas fue el inglés John Surtees (Campeón Mundial de F1 con Ferrari en 1964) junto con este Mercedes Benz 300 SLR con el que Juan Manuel Fangio escoltó a Stirling Moss en la MM de 1955


El Alfa Romeo 8C 2300 de Machull Machull por Radiocofani. El auto tiene el logotipo Ferrari ya que los primeros años la escuderia del "Cavallino" utilizó autos de Milán


Hermoso perfil del BMW 328 de 1937 de los alemanes Rosche - Von Bayern pasando frente a la iglesia de Radicofani, localidad al norte de Viterbo, en la tercera y última etapa


Mercedes Benz 300 SL Prototipo 1952 del binomio ganador Valseriati - Sabbadini


Carlos Reutemann y Marcelo Arguelles junto al Justicialista



3 comentarios:

  1. Como me gusta el Merche 300 de Fangio, se me cae la baba. Lo tendria para ir hasta el baño, se que parece exagerado pero me encanta esa linea de diseño clásico

    Sobre el Institec, pienso que fue mas una movida publicitaria del taller que restaura para despertar la polémica y demostrar capacidad de restauracion. Hacerse notar, porque todos los aficionados sabemos de la historia que se suponia iba a ser y la que realmente fue sobre ese modelo de una industria que claramente no fue. Sin ofender pero la realidad termino en humo. Lo que no significa que la iniciativa fuera mala.

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  2. Qué grande el Lole. Justo el otro día paseando por las sierras bajas cordobesas me enteré del circuito callejero de la Cumbre a San Esteban, y que el Lole corrió con un Fiat 1500. Hermoso visitar Córdoba, siempre me llevo una historia nueva.
    Saludos, Julián Moreau.
    PD: Aproveché para visitar la fábrica de FIAVE, me atendieron muy bien y me hicieron un pequeño recorrido.

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    1. PD 2: cabe destacar (y recimendar) la visita al museo de la moto y la bicicleta. Ahí me contaron esta historia del Lole. Muy lindo lugar

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